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12 de mayo de 2009

Calentamiento global / El rostro de Gaia


Entrevista a James Lovelock por Sir David.
Programa "Frost over the world" (10 de abril del 2009)





Sir David: En el curso del tiempo presente, la humanidad puede verse seriamente afectada por el calentamiento global; tal es el punto de vista del científico independiente James Lovelock. El piensa que para fines del siglo la vida será borrada del planeta. En su reciente libro, “El evanescente rostro de Gaia”, afirma que pueden desaparecer entre unos cien mil millones de personas y hasta mil millones de millones. Ahora sabemos que estamos entre los cinco o seis mil millones de millones. Lovelocke es el autor de la idea que concibe la tierra como un organismo único. (Presenta a James Lovelocke, le da la bienvenida. J.L. agradece).

S.D. Hablas de la catástrofe que se cierne sobre la humanidad.

J.L. (Asiente con un movimiento de la cabeza).

S.D. ¿En qué consiste esta catástrofe, exactamente?¿Qué es lo que va a pasar?

J.L. Principalmente los cuatro jinetes (del apocalipsis): las plagas, el hambre, y…me olvido de cuáles son los otros, recuérdame…

S.D. Sí, los cuatro jinetes…no importa cómo se llamen. Y, ¿la gente morirá inmediatamente o en forma gradual?

J.L. Varía. En algunos lugares, la muerte vendrá en forma inmisericorde, en otros lentamente; en otras será la guerra, o una inundación repentina como, por ejemplo, en Bangladesh; también un fenómeno solar, el incremento en los niveles del mar; habrá también un tifón solar que se levantará y matará muchísima gente.

S.D. Y, en números, estamos hablando de millones…

J.L. Si de miles de millones…cinco o seis…Desde luego no podemos estar seguros de nada…pero, las posibilidades de que no podemos escapar a lo que va a ocurrir, son bastante grandes.

S.D. Eso es clave, pues los optimista, no los que inventan, sino los optimistas, dicen que la humanidad siempre está dispuesta a sobreponerse a todas esta cosas y se van hasta el final…¿puede la humanidad evitar todo esto?

J.L. Esa es una de las cuestiones en las que difiero con otros científicos y con los políticos porque ello se fijan en la parte álgida y creen que desde ahí podrán revertir toda la catástrofe, pero eso implica que puedes regresar una vez que alcances ese punto, pero no es así. Es más bien como una avalancha que está ocurriendo y cada vez es más grande. No sé si alguna vez has estado en la cima de una montaña o has visto que hay derrumbes que se van y caen hasta el fondo mientras que otros se van poco a poco y van muy profundamente. Es más bien de esta forma.

S.D. Hay un organismo (IPCC) que asegura que la situación vendrá más bien del cielo, lo cual se opone a lo que dices.

J.L. Sí, pero IPCC es un organismo oficial de las Naciones Unidas y como tal tiene un peso político y desde luego se opondrán a lo que yo digo. Estamos de acuerdo en los hechos, pero no en las consecuencias.

S.D. ¿Qué pasará, entoces a la Tierra cuando se caliente y se caliente? ¿Explotará como una burbuja o se irá dando paulatinamente?

J.L. (Riendo, con ironía)Bueno, ahí no hay nada de emocionante. Podemos hablar de las dos principales corrientes: una es la de que los geólogos que llaman las “casas frías”, es decir, la idea de que los glaciares se extiendan por todos lados, y la otra es la de las “casas calientes”, que es el sobrecalentamiento de la tierra,el aumento en alrededor de 6 grados centígrados.

S.D. (Interrumpe)Bueno, eso no se oye como si fuera mucho, 6 grados…

J.L. Seis grados Celsius, no Fahrenheit. Eso a nivel de la tierra significa mucho, sobre todo en algunos lugares.

S.D. Así que no hay nada que podamos hacer para dar marcha atrás.

J.L. Yo no diría absolutamente nada, si todos nos pudiéramos juntar alrededor del mundo, lo cual es una acción política muy grande…y si pudiéramos llevar a las personas a ya no producir tantos desperdicios y convertir los que surjan en algún tipo de carbón que pudiera ser arrojado al mar o en algún lugar donde ya no causara tanto daño, entonces tal vez se detuviera. Pero somos muy lentos para actuar…desde hace doce años no se ha hecho nada.

S.D. Si casi nada se ha hecho. Y, si no podemos hacer nada para revertirlo, ¿se puede hacer algo para detenerlo, para evitar que ocurra?

J.L. Bueno, mi opinión es que es nuestro deber sobrevivir, puesto que no será totalmente fatal. Muchos de nosotros vamos a sobrevivir. Y nuestros descendientes van a heredar un mundo amable, como por ejemplo estas islas que se han poblado y otros lugares. No nos gustaría que se vuelvan de nuevo campos llenos de carbón, que se llenen de basura, en realidad lo que queremos es que queden con infraestructuras mucho más decentes y de esa manera aprendamos a vivir en ellas y esa puede ser una tarea bastante grande para realizar y no deberíamos estar perdiendo tiempo, nuestra energía en tomar medidas que no van a detener lo que ya se inició.

S.D. ¿Qué hay de nuestros países? Sabemos que algunos has estado tomando medidas y otros no. ¿Habrá áreas donde esto sea mucho más fuerte, unas que estén condenadas a perecer y otras no?

J.L. Acabas de meter el dedo en la llaga. Nosotros, por ejemplo, somos bastante afortunados pues estas islas, las islas británicas, no van a cambiar mucho porque no son muy calientes. En cambio, pobres de ustedes porque la forma en que se maneja Europa la condena a sufrirlo. Está pasando desde ahora ya en el sur de España y de Italia, donde las altas temperaturas se están manifestando, y la tierra se está volviendo desierto. Nosotros vamos a seguir como hemos estado, vamos a tener un clima que no es el mejor en el mundo pero va a serlo. Otros lugares, como Nueva Zelanda, Japón, son prácticamente igual que los continentes por la forma en que se han desarrollado. Es en los continentes donde va a ocurrir todo esto fundamentalmente. Otros lugares que son muy altos, como Africa, también se van a mantener frescos, debido a la altura. Todo dependerá de qué tanta humedad tengan para que puedan sembrar y producir alimentos.

S.D. Entonces, en términos del futuro, hay un poquito de esperanza, por lo menos, por lo que acabas de decir. Es posible, en términos de esta especie de visión catastrófica de la que estás hablando, ¿es posible que puedas estar equivocado?

J.L. Por supuesto que puedo equivocarme. Lo que estoy diciendo no tiene porque ser el credo de la sociedad. Los científicos, por lo general aprendemos de nuestros errores y esa es una de las cuestiones en las que deberíamos pensar. Pero este libro está basado en las observaciones de muchos científicos, incluyendo a los de la IPCC, la organización oficial de la ONU…

S.D. (Interrumpe) Pero, acabas de decir que no estás de acuerdo con ellos…

J.L. (Entre dientes) …Sí, así es…

S.D. (Interrumpe)...No estás de acuerdo contigo… De hecho, citas a autores que no están de acuerdo contigo, tus conclusiones son diferentes, y, aquí al final de tu libro dices algo como esto: “esta es su última advertencia”, cito.

J.L. (Ríe) Bueno, yo no escribí eso. En realidad fue el editor...Se refiere a que tal vez ya no voy a tener edad para escribir otro libro. Yo creo que él les quiere decir algo que yo les diría: “disfruta mientas puedas”.

S.D. Disfruta mientras puedas. Y ¿qué edad tienes ahora?

J.L. Voy a cumplir noventa años en julio.

S.D. ¿De veras? ¿Y te vas a quedar aquí otros treinta o veinte años para ver si tienes razón o no?

J.L. Bueno, mi esposa y yo caminamos 5 millas diario. Caminamos, subimos, bajamos de aquí para allá… y si duramos un poquito más… (se encoje de hombros y sonríe)…muchas gracias.

Traducción: Faustino Ortega


14 de febrero de 2009

Corazón humanidad


Por Jorge Enrique Gasca (http://masacalli.blogspot.com)

Al bajar del Empire State Building aquella tarde soleada del 19 septiembre de 1985, quedé perplejo frente a un puesto de periódicos mientras leía y veía las fotografías de todos los diarios de la ciudad:


Earthquake in México….


Súbitamente el tiempo se detuvo y mis sentimientos de viajero quedaron eclipsados ante el drama que me invadía. Me negaba a pensar que Toluca, mi ciudad, estaría tan destruida como se veía la ciudad de México en las imágines del New York Times. Irremediablemente se apoderó de mí una angustia de muerte.

¿Estará de pie la casa de mi familia? ¿Estarán con bien mis padres, mis hermanos, mis tíos, primos y amigos? ... ¡La tía Margarita y el tío Rodolfo viven muy cerca del centro de la ciudad de México, Dios quiera que se encuentren con bien! - murmuraba para mí mismo mientras revisaba de cabo a rabo la edición especial del Times.

Inmediatamente intenté comunicarme a México, pero fue imposible. Sin poder hacer nada, regresé al lugar donde me hospedaba. A las 9 de la noche un noticiero anunció que había ocurrido un segundo terremoto tan devastador como el primero y que la ciudad de México se encontraba totalmente en ruinas. No mencionaron ni media palabra con relación al daño sufrido en otras ciudades de la república y entonces mi angustia se convirtió en franca paranoia; tanto que en toda mi vida no recuerdo haber vivido una noche tan larga como aquella: sin noticias, muy lejos y con la impotencia de no poder ayudar.

El 20 de septiembre asistí a una reunión de mexicanos que estudiaban en New York, en la que acordamos que uno de nosotros tendría que volar a México, investigar el paradero de la parentela e inmediatamente regresar a dar noticias. Le tocó en suerte, o en desgracia, a un estudiante de Medicina partir a la ciudad de México y regresar con las noticias ya fueran buenas o malas. Por fortuna, las noticias fueron buenas para mí, aunque no todos corrimos con la misma suerte.

Los días posteriores al terremoto aquellos mexicanos de New York integrados como grupo por la tragedia, vivimos a flor de piel el dolor de nuestro México. Aún cuando han pasado tantos años, sigue viva en mí la emoción de ver a mi país levantarse en cada voluntario buscando a los familiares de otras personas, arriesgando la vida por la sola sospecha de que todavía había alguien que seguía esperando la oportunidad de renacer.

Muchas historias me conmovieron hasta las lagrimas por aquellos días, pero de entre todas ellas quiero compartirte una que me pareció profunda y dramáticamente humana:





Plácido, te agradezco infinitamente tu sencillez, tus manos y tu amor. Aún vive en mí el ejemplo de tu corazón-humanidad, cuando más allá de tu voz, fama o dinero te arriesgaste hasta el límite por otros, dejando de lado tus méritos y logros.


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28 de julio de 2008

Camino del Corazón

Por Jorge Enrique Gasca

El siguiente relato narra uno de los episodios de la peregrinación efectuada hace algunos años por los desiertos de Zacatecas y San Luis Potosí.

El episodio sucedió justo a las puertas del desierto de Virikuta –tierra sagrada para los Huicholes- en el lugar que los peregrinos se confiesan….

Don Sebastián fue el guía –Marakame- de la caminata.

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Camino del Corazón

Don Sebastián miraba fijamente hacia el Cerro del Quemado…

Permaneció inmóvil más de dos horas. En su rostro tomaban voz las más disímbolas posibilidades del intento humano. Una profunda tristeza lo invadía por momentos, en otros la rabia contenida se desbordaba. Súbitamente una bondad indescriptible lo encendía; sin previo aviso lo tomaba por asalto el asombro del que mira por primera vez…

En círculo, los caminantes, peregrinos, lo mirábamos y acompañábamos sin movernos, sin hablar, extasiados por las sincronías del “presente” que tejían en “continuo” un canto de belleza indescriptible…

Siete días de caminata –fila india, silencio y ayuno- por los desiertos de San Luis Potosí y Zacatecas nos condujeron hasta esa cualidad de percepción, siempre “aquí” tan a la mano para los despiertos, pero tan escurridiza a los hijos de la prisa.

Sin dejar de mirar al Quemado Don Sebastián nos dijo lentamente con voz entrecortada:

"No tienen ni la menor idea del precio que ha tenido que pagar mi pueblo para que uno o dos de ustedes tomen conciencia de lo que significa convertirse en 'mujeres y hombres de conocimiento.'
Mi pueblo ha guardado y cuidado un tesoro de valor inimaginable a lo largo de por lo menos 2000 años. Es la tradición y el canto de nuestros ancestros y abuelos, el rostro-corazón indio de estas tierras.

La gente de su pueblo parece no comprender la importancia y transcendencia de completar de una vez por todas el proceso de mestizaje que empezó con la llegada de los españoles ¡La fusión entre lo indio y lo español apenas está empezando!

Esta fusión nunca llegará a completarse mientras ustedes no asuman la parte india que llevan en su sangre. Aunque no lo sepan aun se oye el canto del águila y el rugido del jaguar corriendo por sus venas.

Como hijos naturales del extranjero que violó y de la india que fue sometida, valoran y practican tradiciones de otros pueblos pero no se atreven a conocer y valorar la suya propia. Sienten vergüenza de su origen; o tal vez no se consideran dignos de recibir la herencia que por derecho les corresponde.

Los pueblos indios se están desmembrando y desapareciendo. Nuestros hijos ya no quieren vivir en la sierra, ni aprender el canto y 'el costumbre'. Ellos prefieren ir a Monterrey o al 'otro lado'. Aunque no queramos llegó el momento de compartir con algunos de ustedes el tesoro aquilatado a lo largo de tantísimos años."

Don Sebastián se volvió hacia el grupo de peregrinos y clavándonos la mirada nos dijo con gran contundencia:

"A ustedes como mestizos herederos les tocará la responsabilidad de cuidar y compartir el tesoro para bien de su pueblo, del pueblo indio y de todos los pueblos mundo. Este tesoro no pertenece a nadie en lo particular, es patrimonio de todos los hombres.

¿Acaso ustedes piensan que la tradición de mis abuelos no tiene los vuelos de la tradición cristiana o de la budista?

A ustedes, les pedimos que se hagan cargo por los menos unos 50 años mientras nosotros resolvemos nuestros desafíos.

¡Si no lo hacen será por cobardía!"

Ninguno de los peregrinos mestizos dijo ni media palabra. Las lágrimas que rodaban por nuestras mejillas caían como ofrendas en la tierra…

Después de una hora de silencio nos levantamos y continuamos el viaje hacia Virikuta…


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