14 de marzo de 2007

Yo he estado en la cima de la montaña


Por Sarah Achard y Antonio Torres

"One day a man came to Jesus and he wanted to raise some questions about some vital matters of life. At points he wanted to trick Jesus, and show him that he knew a little more than Jesus knew and throw him off base. Now that question could have easily ended up in a philosophical and theological debate. But Jesus immediately pulled that question from midair and placed it on a dangerous curve between Jerusalem and Jericho. And he talked about a certain man who fell among thieves. You remember that a Levite and a priest passed by on the other side; they didn’t stop to help him. Finally, a man of another race came by. He got down from his beast, decided not to be compassionate by proxy. But he got down with him, administered first aid, and helped the man in need. Jesus ended up saying this was the good man, this was the great man because he had the capacity to project the 'I' into the 'thou', and to be concerned about his brother.
Now, you know, we use our imagination a great deal to try to determine why the priest and the Levite didn’t stop. At times we say they were busy going to a church meeting, an ecclesiastical gathering, and they had to get on down to Jerusalem so they wouldn’t be late for their meeting. At other times we would speculate that there was a religious law that one who was engaged in religious ceremonials was not to touch a human body twenty-four hours before the ceremony. And every now and then we begin to wonder whether maybe they were not going down to Jerusalem, or down to Jericho, rather, to organize a Jericho Road Improvement Association. That’s a possibility. Maybe they felt that it was better to deal with the problem from the causal root, rather than to get bogged down with an individual effect.
But I’m going to tell you what my imagination tells me. It’s possible that those men were afraid. You see, the Jericho Road is a dangerous road. I remember when Mrs. King and I were first in Jerusalem. We rented a car and drove from Jerusalem down to Jericho. And as soon as we got on that road I said to my wife: 'I can see why Jesus used this as the setting for his parable.' It’s a winding, meandering road. It’s really conducive for ambushing. You start out in Jerusalem, which is about twelve hundred miles, or rather, twelve hundred feet above sea level. And by the time you get down to Jericho fifteen or twenty minutes later, you’re about twenty-two hundred feet below sea level. That’s a dangerous road. In the days of Jesus it came to be known as the 'Bloody Pass.' And you know, it’s possible that the priest and the Levite looked over that man on the ground and wondered if the robbers were still around. Or it’s possible that they felt that the man on the ground was merely faking, and he was acting like he had been robbed and hurt, in order to seize them over there, lure them there for quick and easy seizure. (Oh yeah)
And so the first question that the priest asked, the first question that the Levite asked was: 'If I stop to help this man, what will happen to me?' But then the Good Samaritan came by, and he reversed the question: 'If I do not stop to help this man, what will happen to him?' That’s the question before you tonight. Not: 'If I stop to help the sanitation workers, what will happen to my job?' Not: 'If I stop to help the sanitation workers, what will happen to all of the hours that I usually spend in my office every day and every week as a pastor?' The question is not: 'If I stop to help this man in need, what will happen to me?' The question is: 'If I do not stop to help the sanitation workers, what will happen to them?' That’s the question."
Extracto del discurso “I´ve been to the mountain top”, último discurso de Martin Luther King Jr. donde dijo: “Well, I don’t know what will happen now; we’ve got some difficult days ahead. But it really doesn’t matter with me now, because I’ve been to the mountaintop. And I don’t mind. Like anybody, I would like to live a long life—longevity has its place. But I’m not concerned about that now.” Poco después murió.

Actualmente existe una tendencia egoísta de la gente, quien piensa en si misma antes de pensar en los demás. Esto se relaciona con el individualismo y el deseo de alcanzar las propias metas antes de preocuparse por lo que pasa en su entorno. Por ejemplo, cuando un mendigo nos pide dinero, antes de darle dinero nos ponemos a pensar en nuestro propio bien, si le damos ese dinero, nosotros no vamos a tenerlo, tal vez nosotros queremos ese dinero para alguna bebida, ir al cine, ir a algún lugar, etc. Cosas que no son tan importantes pero que preferimos antes de ayudar a esa persona que lo necesita más que nosotros. Otro ejemplo es que en Francia, al igual que en muchos países del mundo, si hay un evento violento, de vandalismo o cualquier otra cosa de ese tipo, la gente se comporta como si no existiera, se sigue de largo sin pensar en quienes están siendo perjudicados por este evento.

Creemos que lo más malo de la época en la que vivimos es que primero vemos por nuestro bien y después por lo que los griegos llamaban “el bien común”. Si queremos mejorar el mundo en el que vivimos necesitamos tomar acción en la necesidad del mundo de que cada persona en el mundo cambie su visión de ver el mundo, tan sólo con hacer cosas pequeñas que hacemos cotidianamente que pueden cambiar el mundo para otras. Por ejemplo, ayudar a los ancianos a cruzar la calle no nos cuesta nada, pero para ellos es una gran ayuda y lo ven como algo grande. En la película “Le fabuleux destin d’Amélie Poulain”, el personaje principal trata de mejorar la vida de todas las personas a su alrededor haciendo cosas pequeñas a diario. Por ejemplo, para motivar a su padre a viajar le envía fotos de un enano de jardín en varios países, este enano era muy importante para su padre y como vio que su enano podía viajar él dijo: “Si él puede, yo también”, esto hace que su padre adquiera un gusto por la vida que había perdido cuando su esposa falleció, tiempo atrás.

Otra película que habla sobre esto es “Cadena de Favores”, en donde el niño protagonista propone que cada persona le haga un favor a 3 personas, y estas 3 personas le hacen un favor a otras 3 personas y así sucesivamente. Esto marca mucho lo que mencionamos de hacer algo pequeño porque el niño le hace el favor al vagabundo de darle de comer y que duerma un solo día en su casa, eso no le cuesta mucho y hace muy feliz al vagabundo.

Como conclusión nosotros decimos, que no se necesita que todas las personas sean como Gandhi, o la Madre Teresa, que dedican toda su vida a hacer el bien, sino que cada persona haga su “buena acción del día”, que tal vez no cuesta mucho y tal vez no es tan relevante pero que si los 6,600 millones de personas que somos la hiciera sería una gran diferencia.

1 comentario:

Luis Guadarrama dijo...

Es cierto que necesitamos cambiar esa manera de pensar pero vivimos en una sociedad donde no se sabe exactamente lo que otro necesita ya que hay casos que gente pide dinero en las esquinas y viven mejor que uno... Respecto a hacer los favores creo que si es necesario hacer la "cadena" ya que para cambiar al mundo se empieza con un cambio muy pequeño no ser un gran personaje como se menciona Gandhi, La Madre Teresa, etc. desde nosotros puede existir esa iniciativa y contagiar a los seres que están a nuestro alrededor.

Ultimamente las nuevas generaciones pensamos en tener dinero y cosas materiales sin saber ke el hacer feliz a una persona brinda mas recompensas personales que el tener mas dinero que otras personas.